Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO
|
|
Antígeno inmunizante: PVO (cepa Sabin) y PVI (cepas Salk o Lepine).
La inoculación oral infecta orofaringe y tracto gastrointestinal, induciendo la formación de IgA secretoria a nivel local. El antígeno vaccinal se excreta en heces durante varias semanas, produciendo una circulación efectiva en forma secundaria: ésto es una barrera epidemiológica para el PV salvaje, con resultados óptimos en la vacunación de bloqueo (deja anticuerpos en la mucosa intestinal y circulantes). Esta capacidad de recirculación de las cepas atenuadas, contribuye a que la cobertura de vacunación sea mayor que la reflejada estadísticamente: es la vacuna ideal para inmunización masiva, por esta acción indirecta. La interferencia de otros enterovirus (Coxsackie, Echo, etc.) puede disminuir la respuesta inmunitaria a la vacuna.
En uso desde 1954, fue la culminación de las investigaciones del Dr. Jonas Salk; logrando hacer frente a la pandemia que asolaba el mundo en esos años, y cuyas secuelas aún hoy son sufridas por millones de personas. Esta vacuna se aplica en forma subcutánea o intramuscular y produce inmunidad sistémica a través de anticuerpos circulantes; por lo tanto es muy efectiva como inmunización individual (100% de eficacia). Por la misma causa, no puede usarse operativamente como barrera epidemiológica. La combinación estructurada de ambas vacunas, en países con alta cobertura de vacunación, protege al individuo y a la comunidad. Este principio ha sido adoptado por algunos países y su discusión ha generado polémicas en el ámbito de la OMS, entidad que previene sobre los riesgos que se presentarían con la desactivación de la inmunización con PVO. Se presenta en forma individual o en las llamadas Quíntuple y Séxtuple:
En EE.UU. algunos Estados utilizan un esquema que
incluye ambas vacunas: dos dosis de PVI y 2 dosis de PVO, en ese
orden, en su esquema habitual primario. Otros, utilizan un esquema
completo con PVI, de acuerdo con recomendaciones del ACIP y la AAP.
Una posición similar adoptaron los CDC canadienses. Esta
administración disminuiría el riesgo de incidencia de polio
post-vaccinal en las primeras dosis; pero, y de acuerdo a lo
planteado más arriba, según la OMS sólo podría hacerse si no hay
circulación de virus salvaje demostrada y se cumple con una
cobertura de vacunación mayor al 90% en la tercera dosis.
IndicacionesDebe vacunarse sistemáticamente a toda la población susceptible. Epidemiológicamente, la vacunación interrumpe la cadena de transmisión. Las coberturas deben acercarse al 100% para cumplir con el objetivo de erradicación. El esquema básico es de 3 dosis a los 2, 4 y 6 meses de edad (o con un intervalo mínimo de 30-45 días según se use PVI o PVO). Un refuerzo al año de aplicada la última dosis y un segundo refuerzo al ingreso escolar (total: 5 dosis). No se recomienda su uso rutinario en adultos y embarazadas, porque la mayoría ya no es susceptible. La PVI tiene como indicaciones fundamentales: a) Adultos que deban completar o reforzar su esquema por mayor riesgo de exposición (viajeros a zonas endémicas o epidémicas, contactos, personal en contacto o manipulación del virus). b) Pacientes con inmunodeficiencia
primaria o secundaria, y sus contactos familiares ante el riesgo de
parálisis asociada a PVO.
c) Adultos no vacunados previamente o que no hayan completado el esquema básico de inmunización con PVO (la tasa de infección post-vacuna PVO, es levemente más alta en adultos que en niños). Los adultos no inmunizados previamente pueden cumplir un esquema de 0-1-6 o 12 meses. d) Pacientes internados.
ContraindicacionesLa PVO y la PVI en el embarazo, durante el primer
trimestre (aunque no hay certeza de efectos teratogénicos);
enfermedad febril aguda.
Efectos colaterales
Salvo los ya enunciados, no presentan reacciones secundarias en
forma general. La presencia de estreptomicina y neomicina (en la
PVI), deben ser tenidas en cuenta en alérgicos reconocidos a esas
substancias. |