Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO
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Analizan por qué se miden mal los riesgos
y beneficios en salud. Una investigación sostiene que tememos cosas equivocadas Se gastan grandes sumas en campañas
contra males que podrían evitarse con el lavado de manos Una fracción del dinero que Estados Unidos está gastando en respuesta a la amenaza de la fiebre del Nilo Occidental y los mosquitos que la trasmiten financiaría una campaña de educación pública acerca de los beneficios de lavarse regularmente las manos. Este ejemplo indica, según una investigación, que tememos a cosas equivocadas y gastamos dinero para protegernos de los peligros equivocados.
Tal campaña en favor de lavarse las manos interrumpiría la proliferación de más enfermedad que matar a todos los mosquitos en el país, dice David Ropeik, director de comunicaciones de riesgo en el Centro Harvard para el Análisis de Riesgos. El gobierno y la industria juntos gastan unos 30 mil millones de dólares al año para enfrentar el problema de los desperdicios peligrosos, aun cuando el número de personas cuya salud está en peligro por ese tipo de basura es bajo. El gasto anual de las campañas contra el cigarrillo, en cambio, es de sólo 500 millones de dólares, aun cuando fumar es una de las principales causas prevenibles de muerte. "Esta respuesta irracional mata gente -dice Ropeik-. En un mundo de recursos finitos, sólo podemos protegernos de un número finito de cosas." Temor y razónEl temor, sin embargo, frecuentemente es más poderoso que la razón. Ropeik acostumbra citar el ejemplo de un hombre que camina por los bosques cuando, por el rabillo del ojo, ve una forma oscura y ondulada en el suelo. Antes de tener tiempo de pensar si ese objeto es un palo torcido o una serpiente, y luego razonar si es una víbora que podría ser peligrosa, el hombre salta a un lado, impulsado por un temor programado en lo profundo de su cerebro, quizás incluso en sus genes. Los neurólogos han identificado circuitos que sirven como una suerte de centro de temor alojado en el núcleo del cerebro, conocidos como amígdalas. Estos circuitos transmiten impresiones mucho más rápido que otros circuitos a la corteza, donde se encuentra la sede del pensamiento y el aprendizaje racional, dice Ropeik. Las amígdalas lanzan mensajes preprogramados a otros nervios del cerebro. Esos mensajes no sólo generan la respuesta física, sino que incluso refuerzan el temor. Para Ropeik, eso significa que el temor y los procesos emocionales ligados a él son más poderosos que los procesos racionales con los que podríamos hacer evaluaciones más válidas de los riesgos que corremos. Las ideas de Ropeik han sido volcadas en el libro "Riesgo: una guía práctica para decidir lo que es realmente seguro y lo que es realmente peligroso en el mundo que nos rodea". Admite que el Centro Harvard acepta contribuciones de industrias reguladas que siempre están ansiosas de promover cualquier sugerencia en el sentido de que sus productos básicos y productos secundarios plantean relativamente poco peligro. Es controversial con respecto a grupos de defensa del ambiente y de consumidores. Ciudadano Público, la organización de defensa de los consumidores fundada por Ralph Nader, dice que su ex director John Graham (ahora a cargo de una oficina de asuntos regulatorios) tiene "un largo historial de oposición intensa a las acciones gubernamentales contra veintenas de asuntos relacionados con la salud y los asuntos ambientales, en representación de corporativos que contribuyen con fondos al centro. Ropeik, por su parte, insiste: "Creo que algunos individuos han utilizado esto para hacer avanzar sus agendas políticas o corporativas", dice. "Obviamente, hay riesgos ambientales que son mayores y exigen más atención de la que les estamos dando." Jeff Nesmith Para The New York Times y La Nación
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