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Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO

Reflujo gastroesofágico

 

Hay bebes que se abrasan literalmente por dentro con los jugos de su propio estómago.

Tales bebes, empieza a saberse, tal vez sean víctimas no detectadas de una enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) sin síntomas claros, que además puede haber sido disparada por otra enfermedad con poca prensa : la alergia a la leche vacuna (ALV). La mala noticia es que aunque ambos son cuadros comunes y a veces asociados, no es raro que queden sin diagnóstico.

"Aparte de los conocidos cólicos del lactante, muy comunes, y además de las causas psíquicas, cuando un bebe de uno a cuatro meses llora más de tres horas por día y de un modo incontenible hay que pensar también en una ALV, o una ERGE, o en ambas cosas asociadas", dice el gastroenterólogo y pediatra Patricio Kenny, jefe de su área en el Hospital de Clínicas José de San Martín, así como en el Hospital Británico, y profesor de Pediatría en el posgrado de la Universidad Católica Argentina.

Según Kenny, en el día a día del servicio se está encontrando hasta un dos por ciento de consultas por ALV, incluso en chicos que jamás han tomado leche vacuna, pero cuyos intestinos reaccionan ante una proteína de ese origen: la beta-lactoglobulina .

Esta ingresa en sus organismos por dos vías posibles: las leches maternizadas derivadas de leche vacuna, pero también la propia leche materna humana, a la que llegan moléculas de beta-lactoglobulina desde los productos lácteos ingeridos por la madre. Así, incluso un bebe criado puramente a pecho y que jamás conoció la leche de vaca puede tener un cuadro alérgico intestinal contra ésta, con dolores, inflamación y deposiciones llenas de moco y sangre.

A esta sorpresa se añade otra: "El 42% de los bebes con ERGE llega a ese cuadro como consecuencia de una ALV previa -dice Kenny-, y hasta el 7% de los bebes padece ERGE, lo que es muchísimo. Peor aún, ya tres estudios impecables en los Estados Unidos sugieren que hasta el 6% de los bebes aparentemente sanos tiene ERGE sin diagnóstico".

¿Por qué tantos casos indetectados? Tanto los cólicos como la regurgitación son "cosas de bebe", pero la frontera entre salud y enfermedad de ambos fenómenos es borrosa, como sugiere el que William Shakeaspeare haya pintado la primera edad del hombre como: "... the infant, mewling and puking in the nurse´s arms" (el bebe que lloriquea y vomita en los brazos de la nodriza) en su comedia "As you like it".

Tanto en salud como en enfermedad, lo que hace vomitar al bebe es la apertura del cardias, el esfínter que separa el esófago del estómago: hasta el 70% de los bebes sanos de cuatro meses vomita al menos una vez al día, y tanto como el contenido de una cuchara sopera.

Pero el bebe con ERGE regurgita más en cantidad y frecuencia, se arquea hacia atrás (para frenar la subida de los jugos gástricos), tiene hipo persistente (por irritación del esófago), deja la risa y el juego, se vuelve persistentemente irascible y va perdiendo sus ritmos de sueño y alimentación: se despierta llorando y con tos, quiere leche a cada rato -para calmar su acidez-, pero no tolera su paso por un esófago quemado, de modo que termina salteando comidas y deja de aumentar.

Con el esófago cada vez peor, el bebe con ERGE se vuelve insufrible: sólo se calma un poco sostenido en brazos boca abajo y en una pendiente suave de treinta grados, con la cabeza hacia arriba, única postura en la que el cardias del chico queda por encima del lago de ácido clorhídrico del estómago. Pero mantenerlo horas y horas así requiere padres fisicoculturistas y libres de toda otra obligación. Y no abundan.

Sí abundan los consejos de hacerlo dormir sentado. Pero, según Kenny, los estudios prueban que el conocido baby-seat de automóvil multiplica hasta cuatro veces el número de episodios de reflujo ácido.

Los brutales cólicos del ALV empiezan a desaparecer en cuanto la madre, sin interrumpir la lactancia, abandona los lácteos. Solución complicada, porque es interminable la lista de comidas manufacturadas que emplean lácteos como insumo. La reactividad intestinal de los chicos, una vez que remiten esos síntomas, va desapareciendo sola entre el tercero y el quinto año de vida.

En el caso del ERGE, hay que determinar si no hay un ALV previo (tratable con dieta), y si los síntomas del ERGE son fuertes, medicar. Se usan los mismos medicamentos para reflujos que en adultos, aunque las causas que los provocan son otras. En primerísimo lugar vienen los inhibidores de la formación de ácido clorhídrico , como la ranitidina o el omeprazol (mucho más enérgico, pero cuyas suspensiones son de difícil conservación fuera de la cadena de frío). En segundo lugar, los prokinéticos, como el cisapride , que estimulan la lerda musculatura digestiva del bebe con ERGE, pero que deben ser tomados bajo control cardiológico. En tercer y último lugar, compuestos alcalinos, como hidróxido de aluminio o alginato de sodio, para "apagar los últimos incendios" de acidez esofágica.

"La medicación les cambia la vida al chico y a la familia. Voy a ser más clara: la medicación nos devolvió la vida a todos", dice la doctora María Cristina Ammirato, médica psiquiatra especializada en alimentación, pero también madre de una bebita con ERGE que, tras unos meses de pesadilla, volvió a reír y a crecer.

Si la dificultad de diagnóstico fuera todo, esto acabaría aquí. Pero -salvo por el cisapride- es difícil encontrar medicación en formulación pediátrica. "La baja percepción del problema llega hasta la industria farmacológica misma", resume Kenny.

¿Y qué pasa con la presunta mayoría de casos indetectados? Casi todos se curan solos... pero no todos. Al respecto, vale conocer un estudio clásico de I.J. Carré, cirujano pediátrico inglés, publicado en Archives of Diseases of Childhood (34:344.1959). Carré hizo un experimento que hoy estaría prohibido: tomó una población de bebes con hernia hiatal esofágica y alto ERGE y la dejó sin tratamiento para observar la evolución natural de la enfermedad. En el 60% de los casos, el ERGE desapareció solo, entre los 18 y los 24 meses de edad.

Pero en el 30% los síntomas persistieron, y el 10% de los casos fue mortal: el 5% de los bebes se dejó morir de hambre (tragar era demasiado doloroso) y el otro 5%, de infecciones pulmonares tras aspirar vómito.

Por Daniel Arias NACION

 

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Última modificación: 12 de Mayo de 2007.