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Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO

Cerebro: emociones

 

El mindfulness se centra en aprender a monitorear las continuas sensaciones y pensamientos más de cerca, tanto en la meditación como con ejercicios de yoga.

Prueban que en la zona izquierda del cerebro se localiza la felicidad 

La meditación controla esa emoción

Hace muchos años, cuando todavía era un estudiante recién graduado en Psicología, realicé un experimento para evaluar hasta qué punto la meditación podía funcionar como un antídoto contra el estrés.

Mis profesores eran escépticos, mis mediciones fueron débiles y mis pacientes eran, en su mayoría, colegas de segundo año. No sorprende que mis resultados fueran poco convincentes. Pero hoy me siento justificado.

A través de los años han habido resultados de trabajos que han estudiado la meditación, algunos sugiriendo sus poderes para aliviar los efectos adversos del estrés. Pero sólo el mes último se concretó lo que considero un estudio definitivo que confirma mi hipótesis, alguna vez poco firme, al revelar el mecanismo cerebral que puede explicar la habilidad para tranquilizarse.

Los datos emergieron como uno de los muchos resultados experimentales de una poco común colaboración investigativa: la del Dalai Lama, líder religioso y político tibetano en el exilio, y la de algunos de los más prestigiosos psicólogos y neurólogos de los Estados Unidos. Los científicos se encontraron con el Dalai Lama durante cinco días en Dharamsala, India, en marzo de 2000, para conversar sobre la forma en que la gente podría controlar mejor sus emociones destructivas.

Uno de mis héroes personales en este acercamiento entre la ciencia y la antigua sabiduría es el doctor Richard Davidson, director del Laboratorio para las Neurociencias de los Afectos, de la Universidad de Wisconsin. Davidson logró en una reciente investigación identificar un índice para establecer el centro cerebral de los estados de ánimo.

Las imágenes de resonancia magnética revelan que cuando la gente está ansiosa, enojada, deprimida, las partes del cerebro convergen hacia la amígdala y la corteza prefrontal derecha, región cerebral importante para la hiperdefensa típica de las personas con estrés. Por el contrario, cuando la gente tiene ánimo positivo, entusiasmo y energía, esos sitios están tranquilos y aumenta la actividad de la corteza prefrontal izquierda.

El doctor Davidson ha descubierto lo que, según cree, es una manera rápida de cuantificar el nivel del estado anímico típico de una persona: leer los niveles de actividad en estas áreas prefrontales, derecha o izquierda.

Esto predice los estados de ánimo diarios con sorprendente exactitud. Cuanto más se incline hacia la derecha, la persona tenderá a estar más infeliz o afectada, mientras que cuanta más actividad se desarrolle en la parte izquierda, más feliz y entusiasta estará.

Al estudiar los datos de cientos de personas, el doctor Davidson estableció una curva de distribución en la que la mayoría de las personas que se encuentran en la mitad manifestaron buen y mal humor alternadamente.

Aquellas personas, relativamente pocas, que se hallan bien hacia la derecha son más propensas a tener depresión clínica o desórdenes de ansiedad en el transcurso de su vida. Para los pocos afortunados que se sitúan más a la izquierda, los estados conflictivos son raros y la recuperación es rápida.

Esto explica otro tipo de datos que sugieren un punto determinado biológicamente para nuestro nivel emocional.

Un descubrimiento, por ejemplo, muestra que, tanto en la gente con suerte como en los desafortunados que sufrieron un accidente y quedaron parapléjicos, durante alrededor de un año y medio después de dichos acontecimientos el humor diario es más o menos el mismo que antes, lo que indica que el punto emocional cambia poco o nada.

Para monitorear las emociones

El doctor Paul Ekman, de la Universidad de San Francisco, obtuvo datos sorprendentes de su trabajo con los lamas. El estudió la expresión facial de las emociones y desarrolló un método de medición capaz de registrar la aptitud de una persona para interpretar las emociones a través de mínimos cambios en los músculos faciales. Por suerte, casi nadie puede leer esos gestos, pero cuando Ekman trajo a su laboratorio a dos monjes tibetanos, uno obtuvo resultados precisos para tres de cada seis emocines que integraban la prueba. El otro obtuvo resultados exactos para cuatro de ellas. Y un profesor de meditación budista americano reconoció las seis, algo que se considera muy raro. Normalmente, una persona no entrenada puede reconocer una de seis.

Estos descubrimientos, junto con los pedidos del Dalai Lama, llevaron al Ekman a diseñar un programa que combina métodos extraídos del budismo, como la meditación, con el entrenamiento sinérgico de la psicología moderna, como leer las microexpresiones, para ayudar a las personas a manejar mejor sus emociones y relaciones.

El mes último se inició un programa piloto con maestras de escuelas elementales del área de San Francisco.

Davidson informó sobre el descubrimiento durante el encuentro con el Dalai Lama y los científicos en la India. Pero el hallazgo, aunque interesante, levantó más preguntas que respuestas. ¿Era sólo casualidad o un rasgo habitual entre los monjes? ¿Había algo respecto del entrenamiento de un lama que podría llevar a un estado de felicidad perpetua? Y si es así, ¿podría este prodigio ser compartido por todos?

Una respuesta tentativa a esta última pregunta proviene de un estudio que Davidson realizó en colaboración con el doctor Jon Kabat-Zinn, fundador de Mindfulness-stress Reduction Clinic, en la Universidad de Massachusetts.

Este clínico enseña meditación a pacientes con enfermedades crónicas para ayudarlos a manejar mejor sus síntomas. En un artículo, los doctores Davidson y Kabat-Zinn informan sobre los efectos del entrenamiento en esta clase de meditación, método extraído de sus orígenes budistas y ahora enseñado a los pacientes en hospitales y clínicas de muchos países.

Zonas positivas y negativas

Kabat-Zinn enseñó el método a trabajadores sometidos a grandes presiones, durante tres horas por semana durante dos meses. Otro grupo de voluntarios recibió el entrenamiento más tarde; los participantes fueron controlados por el doctor Davidson y sus colegas .

Antes del entrenamiento, los trabajadores en general registraban una mayor utilización del lado prefrontal derecho del cerebro en sus emocionesy se quejaban de sentirse estresados.

Después, sus emociones se inclinaron hacia el lado izquierdo, la zona positiva. Simultáneamente, sus estados de ánimo mejoraron e informaron sentirse con más energía y menos ansiosos. En resumen, los resultados sugieren que el punto de las emociones puede modificarse, con un adecuado entrenamiento.

Con este tipo de meditación se aprende a monitorear el estado de ánimo. La hipótesis del doctor Davidson es que se puede fortalecer una gran cantidad de neuronas del lado izquierdo de la corteza prefrontal, e inhibir los mensajes de la amígdala, que envía emociones perturbadoras.

El entrenamiento mindfulness se centra en aprender a monitorear las sensaciones y pensamientos, tanto con la meditación como con ejercicios de yoga. Con la aprobación del Dalai Lama, un grupo de lamas altamente entrenados permitió ser estudiado. Todos ellos pasaron por lo menos tres años meditando en retiros solitarios.

Estos y otros descubrimientos llevaron algunos investigadores a diseñar un programa llamado "Cultivo del equilibrio emocional", que combina métodos extraídos del budismo con el mindfulness y la sinergia de la psicología moderna, como también la lectura de las microexpresiones y las relaciones humanas.

El impulso científico de estos intentos iniciales ha entusiasmado a otros investigadores. Con el auspicio de The Mindfulness and Life Institut of Technology, el 13 y el 14 de septiembre el Dalai Lama se encontrará con un grupo muy grande de investigadores para discutir sobre la posibilidad de realizar más investigaciones.

En cuanto a mí, me lo estoy tomando muy en serio. En mi época de estudiante a veces meditaba, pero ahora, decididamente, lo haré siempre. El mes que viene mi mujer y yo nos dirigiremos a un lugar cálido durante dos o tres semanas para realizar un retiro y meditación. Nunca alcanzaré al sublime lama, pero disfrutaré al intentarlo.

Por Daniel Goleman  The New York Times  - La Nación. Traducción: María Elena Rey

 

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Última modificación: 12 de Mayo de 2007.