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Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO

Gota

 

Médico reumatólogo, asesor del Comité Olímpico Británico y jefe académico de la Escuela Imperial de Medicina de la Universidad de Londres, el doctor Mehernoosh Irani -aunque vive en las afuera de Londres, nació en India- es un experto en esa amplia gama de enfermedades que afectan las articulaciones y que tienen como denominador común el dolor.

"Aunque no todos los dolores son iguales -dijo-: está bien demostrado que ninguno es más fuerte que el del ataque de gota, con el cólico renal."

La gota, que a lo largo de la historia se presentó como una enfermedad masculina y de clases pudientes, poco sobrias a la hora de comer y beber, afecta a más de medio millón de personas en los Estados Unidos.

"Ya no es privativa de las clases altas y puede ocurrir ocasionalmente en las mujeres, pero siempre después de la menopausia -dice el especialista inglés-. Es importante el aspecto genético y, en ese sentido, la población mundial con mayor prevalencia de gota vive en la Polinesia. Es la maorí."

Llamada también hiperuricemia, la gota es una afección que aumenta la producción de ácido úrico. Esta sustancia, convertida en cristales, es la que va a acumularse en las articulaciones (ver infografía), causando un dolor imposible de describir, que comienza en forma repentina y causa también enormes edemas, inflamación y enrojecimiento en la zona afectada.

Sin embargo, el ácido úrico que el organismo del gotoso fabrica en demasía también circula por la sangre y puede acumularse bajo la forma de quistes en el pabellón de las orejas o en los dedos.

En 1960, un fármaco llamado allopurinol revolucionó el tratamiento de esta enfermedad. "El científico que lo descubrió -bromea el reumatólogo- tiene bien ganado un lugar en el Paraíso... Es que el allopurinol bloquea la enzima xantino oxidasa y la xantina no puede transformarse en ácido úrico, que es lo que habitualmente hace en el organismo."

Sin embargo, añade el especialista, el allopurinol, que debe tomarse a diario como preventivo, no soluciona un problema muy importante: el dolor agudo.

"Es inaguantable -recuerda nítidamente Adolfo Alcorta, un gotoso de 79 años-. Hace 40 años que por suerte no sufro un ataque, pero no puedo olvidar que el simple roce de la sábana sobre el dedo gordo del pie ( podagra, la forma más frecuente de gota) me hacía llorar, y cuando alguien entraba en la habitación las vibraciones de los pasos me resultaban intolerables."

Desde 1800 en adelante se utilizó un remedio de origen natural llamado colchicina , eficaz pero que provocaba náuseas, vómitos y diarreas. "Luego aparecieron distintos analgésicos antiinflamatorios no esteroides ( Aines ) -ilustra el doctor Irani-, pero todos ellos tuvieron en mayor o menor medida la dificultad de no ser lo suficientemente potentes y de dañar la mucosa estomacal, con riesgo de perforaciones de úlceras y de hemorragias, que podían causar la muerte, especialmente en personas mayores.

El profesor inglés comenta que existe una nueva generación de antiinflamatorios no esteroides selectivos, que calman el dolor y la inflamación pero eligen su blanco: atacan sólo las células pro inflamatorias, las prostaglandinas malas, o Cox 2, "no las prostaglandinas buenas , o Cox 1, que protegen el estómago, el riñón y las plaquetas".

Irani añade que recientemente fue lanzado Etoricoxib , un inhibidor selectivo de las enzimas Cox 2 "que comienza a hacer efecto a los 24 minutos de tomarse y cuya acción se mantiene por 24 horas", ilustra.

Si bien el allopurinol permite que el organismo se libre del ácido úrico, y en ese sentido garantiza una dramática disminución de los ataques, "éstos pueden sobrevenir ante un desarreglo en la dieta, ya que el consumo de carnes, fiambres, mariscos y achuras o de alcohol son factores de riesgo, y también la gota puede reaparecer por estrés o por consumo de diuréticos, algo que deben evitar quienes padecen la enfermedad, porque reducen la eliminación de ácido úrico."

Según el especialista, "la inflamación daña la articulación, como ocurre con las lesiones deportivas o la artrosis, una condición normal en las personas a medida que transcurre el tiempo y las articulaciones dan señales de desgaste, como las canas o las arrugas. Alguien que sufre de gota seguramente tendrá más daño articular y eso acelerará el dolor y el riesgo de artrosis".

Por Gabriela Navarra LA NACION

 

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Última modificación: 12 de Mayo de 2007.