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Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO

Depresión

 

La depresión es mucho más que una sensación de tristeza pasajera: es una condición que deteriora seriamente la calidad de vida y que puede agravar otros males físicos. Sin embargo, se estima que dos terceras partes de los pacientes nunca reciben tratamiento o que lo hacen demasiado brevemente.

Tal vez por eso para el doctor Stuart Montgomery, profesor emérito del Colegio Imperial de Medicina de la Universidad de Londres, que hace unos días estuvo en Buenos Aires invitado por el Laboratorio Lundbeck para dictar un seminario sobre nuevos enfoques en el tratamiento de esta enfermedad, el primer paso para curarla... es reconocer que se la padece.

-Doctor Montgomery, ¿la gente se deprime ahora más que antes?

-Los estudios muestran que ahora hay más gente que dice que sufre depresión. La reina Victoria no sufría depresión, estaba de duelo . La princesa Diana sufría depresión y discutía públicamente sus cinco o seis intentos de suicidio. Esto da idea de un incremento, pero creo que siempre ha estado allí.

-¿Cómo se relaciona la depresión con las circunstancias objetivas de la vida?

-Se podría decir que la persona que la padece está buscando una razón para estar deprimida. Mira hacia atrás y dice sí, me dejó mi novio, perdí a mi mascota, tuve un problema en el trabajo ... Por otra parte, los efectos adversos de la vida producen depresión. La actual hipótesis es que hay una debilidad constitucional en el individuo, biológica, que puede ser genética o estar vinculada con problemas adversos en la infancia que más tarde lo hace vulnerable a la depresión.

-Alguien podría decir que la princesa Diana no tenía muchos motivos para estar deprimida.

-Es bien conocido y ha sido bien documentado que en su familia existía una propensión genética. Ella, desafortunadamente, también fue vulnerable.

-¿De modo que para usted las raíces de la depresión se encuentran en la química del cerebro?

-Hay shocks que ocurren muy temprano en la vida que predisponen a la depresión. Por ejemplo, es sabido que si un chico pierde a su madre antes de los diez años tendrá una mayor susceptibilidad. Es muy difícil desentrañar si las circunstancias dan origen a la vulnerabilidad o si es al revés.

-Entonces, Freud tenía razón...

-Sería bueno que tuviera razón en algo... (bromea, en tono provocador). Pero lo que estoy diciendo es que no creo que tengamos que concentrarnos en eso. Yo puedo estudiar su diabetes o su hipertensión y descubrir que es por alguna circunstancia adversa. Pero no tratamos la diabetes tratando las circunstancias, y creo que tendríamos que hacer lo mismo con la depresión.

-¿Cuál diría usted que es la terapia correcta?

-Existe un amplio rango de psicoterapias. Algunas de ellas psicoanalíticas, otras conductistas... Cuando analizamos su eficacia la que resulta mejor es la terapia cognitiva comportamental. Las otras pueden ayudar al individuo a una mejor comprensión de su vida, pero no mejoran la depresión. Al impulsarlo a volver una y otra vez sobre sus problemas algunas de las terapias psicoanalíticas incluso agravan el cuadro y pueden aumentar las tendencias suicidas. Cuando se trabaja con pacientes deprimidos hay que ser muy cuidadoso.

-¿Puede curarse la depresión?

-El mayor problema es lograr que la persona confiese que está deprimida. Y creo que los periodistas pueden jugar un papel muy importante, presentando los síntomas al público para que los reconozcan y consulten con un profesional de la salud mental. El estigma social que existe sobre este mal frecuentemente lo impide. La mayor parte de las personas deprimidas no lo admite; cree que no alcanza a cumplir con las exigencias de la sociedad, que le falta energía, que pasa por un mal momento... La depresión misma hace más difícil reconocer que uno está deprimido. Al mismo tiempo, los médicos tienen un prejuicio contra la depresión. Prefieren encontrar en sus pacientes algo físico. De modo que tenemos que persuadir al público y a los médicos de que tomen seriamente este problema. Una vez que se logra eso no es difícil de tratar.

-¿En serio?

-Es fácil: si-ga-el-tra-ta-mien-to. Y sígalo hasta que se ponga bien.

-¿Cuando usted dice tratamiento se refiere a los fármacos?

-Sí. A los que tenemos evidencia de que funcionan. Lo que no podemos hacer es tomar un poquito. Los antidepresivos convencionales requieren entre seis y ocho semanas para empezar a hacer efecto. Los nuevos lo hacen más rápidamente: en una a dos semanas aparece una diferencia entre la droga y el placebo. Si alguien tiene su primer episodio, lo tratamos hasta que esté bien, y entre cuatro y seis meses más, hasta que se estabilice. En los que tienen depresión recurrente -que van a ser la mayoría, porque la depresión vuelve y vuelve- seguimos el tratamiento para prevenir un próximo episodio.

-¿Los chicos sufren depresión?

-Sí, aparece al finalizar la adolescencia. Pero tiene una presentación más compleja: causa más irritabilidad y menos ánimo deprimido.

-¿Y deberían tomar fármacos?

-Bueno, durante mucho tiempo la gente era reacia a administrarlos. En una movida curiosa, hace pocos años el Congreso de los EE.UU. extendió la patente de estas drogas si podían mostrar que funcionaban bien en chicos y, como resultado, se hicieron numerosos estudios. Hasta ahora la respuesta es sí.

-¿Cómo se puede identificar a un adolescente deprimido?

-Es extremadamente difícil reconocer la diferencia entre rabietas adolescentes y depresión. Lo que hay que buscar es la persistencia del patrón de síntomas, como perturbaciones del sueño, del apetito (en el 90% de los casos decrece y en un 10% aumenta). Pero si la duda surge hay que buscar asesoramiento profesional y no tratar de hacer un diagnóstico.

-¿Qué relación hay entre la depresión y los males físicos?

-La depresión puede agravar todas las enfermedades físicas con excepción del cáncer. Los pacientes deprimidos desarrollan más problemas cardiovasculares, más problemas pulmonares, más artritis... En un reciente estudio realizado en Canadá se descubrió que la presencia de depresión después de un ataque cardíaco es un más preciso predictor de muerte que todos los demás. Por eso hay que tratarla urgentemente. Es más importante que estabilizar el corazón o la función cardíaca. El problema es que en nuestra sociedad tenemos prejuicios contra la enfermedad mental. Conozco muchos pacientes que tienen una depresión profunda y a los que se los trata por su artritis, por ejemplo... Es un uso inapropiado de los recursos, porque si se trata la depresión la enfermedad física va a disminuir.

Por Nora Bär para La Nación

 

 

Más víctimas de depresión han recibido tratamiento en los últimos 20 años, pero más de la mitad está recibiendo terapias inadecuadas, indica un estudio publicado en la última edición del Journal de la Asociación Médica de los Estados Unidos (JAMA), basado en evaluaciones psiquiátricas efectuadas entre febrero de 2001 y diciembre de 2002.

Mientras el estigma de las enfermedades mentales está cediendo, muchos médicos no están enterados de los avances en los tratamientos y numerosos pacientes están buscando terapias que no han sido probadas, dijo el investigador de la Facultad de Medicina de Harvard Ronald Kessler, quien condujo el estudio.

Advertencia de la FDA

A ninguna persona que no haya cumplido los 18 años se le debería prescribir paroxetina, una droga que se emplea principalmente para el tratamiento de la depresión y de ciertos trastornos de la ansiedad, pues este medicamento parece incrementar el riesgo de impulsos suicidas en la población pediátrica, advirtió la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), de los Estados Unidos. Su par británico ya había emitido una recomendación similar la semana anterior

El estudio nacional, realizado entre 9090 personas mayores de 18 años, encontró que el 57% de los participantes con enfermedades depresivas recibió algún tipo de tratamiento. La cifra es casi un 40% superior que en los primeros años de la década del 80, dijeron los investigadores.

Pero el tratamiento fue considerado adecuado sólo en el 21% de los pacientes con depresiones recientes. En total, el 6,6% sufrió una depresión importante en algún momento del año anterior, lo que equivale a unos 14 millones de estadounidenses adultos.

Los porcentajes totales son más altos que los encontrados hace una década, pero se desconoce si esta situación representa un verdadero incremento de casos o si se trata sólo de un mejor reconocimiento, explicó Kessler.

El Instituto Nacional de Salud Mental de los EE.UU. estima que la depresión afecta al 9,5% de los adultos cada año, es decir, unos 19 millones de personas. Pero estas cifras están sustentadas en información vieja, menos estricta que la que se recoge ahora.

La depresión fue de moderada a severa en el 90% de los participantes del estudio, mientras que las estadísticas anteriores podrían haber incluido casos de depresión media que ahora podrían no ser diagnosticados como tales, indicó.

En el estudio, la depresión fue más común entre las mujeres y los adultos de entre 18 y 44 años que en los hombres y los mayores de 60 años.

El doctor William McKinney, psiquiatra del Hospital Northwestern Memorial, consideró que los resultados significan que "desafortunadamente un montón de personas con esta enfermedad van a sus médicos y se les aplican algunos antidepresivos en dosis que pueden ser inadecuadas o en momentos no apropiados".

Otro estudio del JAMA estima que la depresión cuesta a los empleadores norteamericanos 44.000 millones de dólares al año en ausencias y pérdida de productividad, 31.000 millones de dólares más por año que costos similares provocados por trabajadores que no padecen de depresión.

Los empleados deprimidos reportaron un promedio de 5,5 horas semanales de pérdida de productividad o ausentismo, comparadas con 1,5 hora por semana entre los trabajadores que no padecen depresión.

Lindsey Tanner para La Nación

 

Paroxetina  

Un artículo publicado en The New York Times informa sobre nuevos estudios que sugieren que la paroxetina, uno de los antidepresivos más prescriptos en el mundo, aumenta el riesgo suicida en adolescentes.

Para la doctora Mónica Oliver, médica psiquiatra y psicoanalista infantil, a cargo del Comité de Salud Mental y Familia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) no se trata de una cuestión menor.

"En nuestro país se comercializa bajo el nombre de Aropax -dijo a LA NACION- y hasta el momento era una droga de indicación posible para casos de depresión con ideación suicida. A partir de estas nuevas conclusiones, habría que reevaluar cuándo es adecuado indicarla."

La especialista argentina agregó que ante un cuadro depresivo juvenil recetar un fármaco es tan solo un aspecto del abordaje, que debe basarse además en terapia individual y familiar, acompañamiento terapéutico, una posible internación, contención escolar y familiar.

"Nunca se aconseja la indicación del antidepresivo solo, primero porque implica una visión parcial del paciente, pero también porque al mejorar su estado de ánimo el adolescente, que es de por sí impulsivo, puede disparar una conducta autodestructiva y quizás intentar el suicidio que había planificado, pero que no podía concretar debido a su estado depresivo", dijo Oliver.

La médica psiquiatra agregó que, debido a ese motivo, uno de los pasos más importantes es evaluar el riesgo suicida del paciente deprimido, que no solo depende de circunstancias personales sino también familiares y sociales. Y, en caso de que ese riesgo sea alto, hay que seguir sus pasos muy de cerca.

"El suicidio adolescente en nuestro país aumentó -dijo la psiquiatra-. Y para que un chico haga un intento de suicidio tiene que haber pasado algo muy grave con su vida: es que perdió por completo la esperanza. Muchos creen que en la muerte encontrarán la paz, porque están en situaciones infernales. Esto es en parte consecuencia de la situación del país en los últimos tiempos."

Según estadísticas oficiales, la tasa de suicidios en adolescentes argentinos de 10 a 19 años creció casi al doble en la última década. En 1990, era de 4,7 cada cien mil y, diez años más tarde, se situó en 8,3 cada cien mil.

En junio pasado, las autoridades británicas que regulan el mercado de medicamentos finalizaron el análisis de nueve trabajos de investigación aún no publicados que indicaron que la paroxetina (cuyo nombre comercial en los EE.UU. es Paxil) en comparación con un placebo aumentaba más de tres veces la ideación o los intentos de suicidio en adolescentes y chicos, especialmente durante las primeras semanas de tratamiento en que tomaban el fármaco.

Dado que esos mismos estudios demostraron que Paxil no era más efectivo que un placebo para tratar la depresión juvenil, las autoridades británicas sugirieron que los especialistas no indicaran este fármaco en pacientes menores de 18 años, en tanto la FDA -agencia oficial norteamericana en regulación de alimentos y medicamentos- estaría considerando una recomendación similar.

Aunque, claro está, en ambos casos aconsejaron no discontinuar el uso de la droga si el paciente está en tratamiento, ya que no es conveniente interrumpirla en forma abrupta.

No es la primera vez que un antidepresivo de este tipo, llamado inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), se asocia con un aumento del riesgo suicida. Ya habían estado en el banquillo de los acusados los populares Prozac y Zoloft.

"En 1991 dijimos que no había suficiente evidencia para aceptar una posible relación entre los ISRS y el suicidio -dijo el doctor Jeffrey A. Liberman, profesor de psiquiatría y farmacología de la Universidad de Carolina del Norte y miembro del panel de 10 psiquiatras de los EE.UU. que estudió el tema más de una década atrás-. Pero ahora existe evidencia, al menos en chicos y adolescentes, y no podría negarse que eso pueda ocurrir también en adultos."

En los EE.UU, el mercado de antidepresivos de esta clase mueve unos 120 millones de dólares anuales.

Otro de los problemas señalados por las autoridades es que estos fármacos no siempre son indicados por psiquiatras. -Y es una cuestión que no debe minimizarse -advierte la doctora Oliver-. Ya que son drogas de acción muy específica y hay que conocerlas muy bien para indicarlas. El tratamiento de un joven depresivo no debe limitarse únicamente a la prescripción de un fármaco, sino a la indicación de terapia individual y familiar, acompañamiento terapéutico, contención social y escolar y, eventualmente, una internación."

Gabriela Navarra para La Nación

 

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Última modificación: 12 de Mayo de 2007.