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Dirección editorial: Dra. Adriana O. DONATO

Drogas contra el cáncer

 

El arsenal de medicamentos contra el cáncer acaba de enriquecerse con nuevas drogas que aportan más posibilidades de tratamiento para pacientes con enfermedad avanzada que ya han agotado, sin éxito, todas las terapias habituales.

Son algo así como los herederos del imatinib, un fármaco que hace tres años brindó nuevas esperanzas a los pacientes con leucemia mieloide crónica y revolucionó el tratamiento de esa mortal enfermedad. Ahora es el turno de pacientes con otras afecciones oncológicas que no responden a los tratamientos de rutina.

Esta semana, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), de los Estados Unidos, aprobó el uso del gefitinib para ciertos tumores avanzados de pulmón; en abril llegó a la Argentina el alemtuzumab , un nuevo tratamiento para la leucemia linfática crónica, y, desde hace unos meses, el propio imatinib posee una segunda indicación, que lo convierte en la única droga efectiva para los tumores del estroma gastrointestinal.

Aunque ninguno de ellos cura definitivamente la enfermedad, en algunos casos pueden lograr la remisión del tumor; en otros, su uso se traduce en una mejora de la calidad de vida y en una mayor sobrevida.

"Es continua la búsqueda de nuevas vías de acción para el tratamiento del cáncer -comenta el doctor Mario Bruno, jefe de oncología del hospital Alvarez-. Si la terapia ideal es lograr corregir los defectos genéticos que causan el cáncer y curar la enfermedad, estos nuevos medicamentos actúan sólo un paso más tarde: bloquean los mecanismos por los cuales los genes defectuosos generan la enfermedad."

Selectividad

La especificidad de su modo de acción es un aspecto compartido por las nuevas drogas oncológicas. Esta generación de medicamentos apunta a bloquear los mecanismos defectuosos que ocurren en el interior de las células enfermas y que ocasionan el crecimiento del tumor. Al actuar selectivamente sobre las células tumorales sin afectar las células sanas del organismo se evitan los efectos secundarios característicos de la quimioterapia.

De las tres drogas, el gefitinib es la más reciente. Fue aprobada el lunes último por la FDA y se espera que en pocas semanas esté disponible en la Argentina. "Esta indicada para pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas avanzados, con metástasis, que no responden a los tratamientos convencionales", señala el doctor Gonzalo Recondo, jefe de oncología del Cemic. Esta forma de cáncer de pulmón es la más frecuente: 900.000 personas murieron por esta causa en todo el mundo en 2000. "Las tres cuartas partes de estos pacientes reciben el diagnóstico en un estado avanzado de la enfermedad, por lo que muchos no llegan a recibir las terapias convencionales", agrega.

En estos casos, y en los de aquellos que no han respondido a los tratamientos, el gefitinib es una posibilidad de tratamiento cuando ya no hay más posibilidades. "Aporta una mejora transitoria -explica Recondo-. En el 15% de los pacientes, el tratamiento hace que el tumor se achique, lo que aporta una mejora en la sobrevida de alrededor de siete meses; pero en un porcentaje mayor, aproximadamente el 25%, los pacientes experimentan un alivio de sus síntomas."

A diferencia de las quimioterapias habituales, el gefitinib es una pastilla diaria que no implica mayores eventos secundarios. "Ha habido sí algunos casos aislados de neumonía graves, pero todavía no sabemos en qué porcentaje de pacientes -comenta-. Por eso, la FDA aprobó su uso a condición de que se realicen nuevos estudios para aclarar este riesgo."

"Quizá lo más importante de esta nueva droga, que resulta útil en un reducido porcentaje de casos, es que se trata de la primera de una nueva familia que actúa sobre un blanco (el receptor de crecimiento epidérmico) que está presente en la mayoría de los tumores. Se abre la puerta entonces a nuevos estudios, en combinación con drogas ya disponibles o drogas nuevas, que puedan aportar una mayor utilidad para el tratamiento del cáncer de pulmón y de otros tipos de tumores", finaliza el especialista.

Dos casos exitosos

La primera vez que Jorge Kdouh oyó hablar del imatinib fue a principios de 2002. Un año antes, los médicos le habían detectado un tumor del estroma gastrointestinal o GIST, que decidieron no tocar por hallarse encapsulado. "Al año, ya no era uno sino tres los tumores -recuerda-. Los médicos me dieron dos opciones: quimioterapia, que generalmente no sirve para estos casos, o un medicamento experimental."

Jorge optó por el imatinib. Hoy, a un año de haber comenzado el tratamiento, la masa tumoral se redujo a la mitad. "Ya no hay dolores, nada -asegura este rosarino-. Soy una nueva persona, ni a los veinte años me sentía como ahora."

"Los GIST son tumores infrecuentes que se generan en la pared del estómago o del intestino, y que se caracterizan por un comportamiento agresivo y un mal pronóstico -explica el doctor Matías Chacón, oncólogo del Instituto Alexander Fleming-. Hasta la aparición del imatinib, el único tratamiento era la cirugía."

Pero la mayoría de las veces el diagnóstico llega cuando la enfermedad ha avanzado demasiado, y la cirugía no puede ser practicada. Además, agrega Chacón, la tasa de recaídas después de la cirugía es alta: oscila entre el 50 y el 60% de los casos. "En esos casos, ya no había margen para ningún tratamiento."

En ese contexto, la aprobación del imatinib para los casos de GIST que no pueden ser operados o reoperados promete revolucionar el tratamiento de la enfermedad. "Los pacientes que antes tenían cero posibilidades de tratamiento, hoy cuentan con un medicamento que posee una tasa de remisión de alrededor del 75%, y que en algunos casos permite una remisión absoluta del tumor", afirma Chacón, que coordina un simposio sobre GIST dirigido a médicos, que se realiza hoy en el Hotel Hilton.

"Y estamos hablando de tumores sólidos de casi 30 centímetros que desaparecen por completo en el término de meses", concluye.

El caso de Ricardo Drewanz, dueño de un taller mecánico en Campo Viera, Misiones, tiene algo en común con el de Jorge. Ricardo comenzó una terapia con alemtuzumab, cuando esta droga aún no había sido aprobada en la Argentina. Antes, había pasado por varios tratamientos para combatir una leucemia linfática crónica, enfermedad que se caracteriza por una acumulación en ciertos tejidos de glóbulos blancos (linfocitos) que se niegan a morir.

"Comencé a tratarme en 1995, y aunque todos los medicamentos que recibí en un principio dieron algún resultado, luego la enfermedad volvía a avanzar", cuenta. Así transcurrieron los años, hasta que se agotaron sus posibilidades de tratamiento; entonces, en noviembre de 2002, accedió al alemtuzumab en carácter de "uso compasivo".

"Los resultados fueron óptimos, y el grado de remisión de la enfermedad es total -dice-. Los efectos secundarios de esta droga son mucho menores que los de mis anteriores tratamientos, sólo tengo que tener especial cuidado en prevenir erupciones cutáneas."

"Originalmente, el alemtuzumab fue pensado para evitar el rechazo de los órganos trasplantados, pero cuando se vio que era muy efectivo para eliminar linfocitos se pensó que podía tener alguna utilidad en los trastornos como la leucemia linfocita crónica, que cursan con un aumento de estas células", apunta el doctor Raimundo Bezares, jefe de hematología del hospital Alvarez.

Los primeros ensayos clínicos de esta droga en leucemia fueron exitosos. "Se logró duplicar la expectativa de vida de los pacientes que eran refractarios a los tratamientos convencionales, lo que llevó a la FDA a aprobar rápidamente su indicación para estos casos", agrega. Desde abril, se encuentra en el país.

Sebastián A. Ríos  LA NACION

 

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Última modificación: 12 de Mayo de 2007.